
Espacio antiguo (pero todavía novato) para hablar de periodismo -cómo no- y de la cobertura periodística de los temas de la agenda nacional e internacional.




Jóvenes, a CINCO díaZ de mi retorno a tierras chibchombianas, visité una zona de la India que me fascinó. Se trata de Bihar, un estado fronterizo con Nepal y más específicamente, Bodhgaya, el sitio más sagrado del budismo, la primera religión universal del mundo.
Como ven, aquí tienen una estatua de Buda de 25 metros de alto, que fue inaugurada recientemente por el Dalai Lama (no es una antigüedad, precisamente).
Lo mejor es que están planeando construir otra, que sería la más alta del mundo, con 150 metros de altura. Si la construyen tocará volver.
Pero la razón por la cual Boghaya es considerada como un lugar sagrado no es una estatua, sino un árbol. Dice la historia que hace 2.600 años, Sidharta Gautama se sentó a meditar bajo el Bodhi Tree y tras seis días (hay quienes hablan de seis o siete semanas) alcanzó el Nirvana y se convirtió en Buda, el Iluminado.
En el sitio se construyó el Mahabodhi Temple. Por eso muchas personas vienen hasta aquí a ver el árbol (obviamente no es el original, sino su quinto descendiente). El lugar está permanentemente repleto de monjes budistas en oración y en meditación. Es muy tranquilo y silencioso, el único sonido es el de los cantos de docenas de devotos que rezan frente a una imagen dorada del Buda.
Y como si fuera poco, hay al menos una docena de monasterios y templos budistas por todo el lugar. Realmente, un fantástico cierre para mi viaje. Me alegra haber podido ir.
Y ya hoy es la graduación. Las niñas de Bangladesh se van mañana y nosotros (Alberto, Otar y yo) volamos el jueves en la madrugada, por lo que técnicamente nos vamos el miércoles, ya que hay que estar en el airport antes de medianoche.

Yo no sé si ustedes sabían, pero yo me vine a enterar aquí que un minarete (o alminar) es la torre de las mezquitas, desde donde el almuédano convoca a los mahometanos para que vayan a orar. Este, en particular, está hecho de piedra arenisca roja (como el Red Fort), en un estilo islámico muy bello. Con sus 72 metros de altura, domina un escenario en el que se aprecian las ruinas de la mezquita que había allí, a su vez construida sobre un templo hindú.
Estamos hablando de una columna de piedra que lleva ahí casi 800 años (fue construida entre 1199 y 1230) y que en el pasado sismo se mantuvo más estable que muchas estructuras de la ciudad.
A pesar de su altura, el Qutab Minar tiene apenas cinco pisos o niveles, que hasta hace unos meses eran accesibles por una escalera de 379 peldaños que, infortunadamente, hoy está cerrada para los turistas. La torre tiene un diámetro de casi 15 metros en la base y apenas 2.75 en la punta. Mientras los tres primeros niveles son de piedra roja, los dos últimos son de mármol y arenisca.
Y lo mejor, el Sultán que terminó el Qutab Minar inició, a pocos metros de allí, la construcción de un nuevo minarete que debía tener, al menos, el doble de la altura. Sin embargo, solo el primer nivel fue construido pues el Monarca murió y su sucesor abandonó el proyecto.
